Los libros de Antonio Beneyto están vivos. Para Beneyto no hay acto de lectura sin escritura, una escritura proteica que se manifiesta en la propia obra literaria y en una proliferación de dibujos sin fin. Dibujos en transformación constante que se expanden por el espacio en blanco como una marca de agua, como un exlibris infinito que se modifica en cada libro. La caprichosa y delirante biblioteca de Beneyto es un campo abierto de constelaciones de autores, una insólita colección de dibujos de personajes mutantes que se ocultan entre las páginas. Carnaval de cuerpos, celebración de signos en movimiento como la vida. Signos liberadores y libertinos en diálogo con la literatura, con el amor y la muerte.

MANUEL GUERRERO