LA PICARESCA COMO FARSA

JUAN ÁNGEL JURISTO

 

 

Estamos en los años en que se lleva eso de la fusión, vale la mezcla de géneros a veces sin ton ni son y con resultados en su mayor parte dudosos aunque cuando se acierta los éxitos felices son capaces de diluir hasta ocultar la multitud de fracasos silenciosos. Y aunque haya sido en la música donde el ejemplo ha cundido como epidemia, la narrativa no ha sido inmune a tales manejos. Con toda probabilidad sea ésta la manera en que la experimentación, achacable en otro tiempo a las vanguardias, se manifiesta una vez periclitadas en el orden estético. Antonio Beneyto (El Otro Viaje. March editor. Barcelona, 2003), realiza una labor como artista plástico que le ha valido una cierta reputación en este campo a la vez que lo compagina con una obra narrativa de difícil clasificación, la verdad es que ni falta que hace, pero recomendable en grado sumo. Buena prueba de ello es este libro donde recrea el género picaresco español, muy similar al europeo pero con unas características propias de fuerte personalidad e introduciendo elementos fantásticos que se combinan con extraña adecuación al costumbrismo más convencional.

El resultado es sorprendente, tanto que uno no sabe muy bien si valorar más en esta narración lo que tiene de experimentación al fusionar dos géneros o, algo que siempre es de agradecer, la sabia introducción de vocablos poco usuales, el sabor barroco en ellos es innegable, que son capaces por sí solos de dar entidad a aquello que se narra. El argumento es canónico: narrado en primera persona, la sombra del Lazarillo es alargada, describe las peripecias de Gorgojo, exactamente un insecto taladrador, en viaje por extraños pueblos y no menos curiosos personajes que pueblan lugares y paisajes. Ni que decir tiene que la validez de tal planteamiento radica en el hecho de que el autor sea capaz de otorgar verosimilitud narrativa a tamaño dislate si lo juzgamos con ojos estrechos, es decir, realistas. Aquí no hay problema: el lector se sumerge desde la primera página en una suerte de pesadilla, al modo kafkiano, donde la ironía y la sal gorda no restan un ápice cierto drama moral. Obras planteadas de manera tan inteligente son raras en nuestro panorama y sugieren un orden experimental que no rechaza la literatura más convencional. En ello radica su valía.


Cultural. ABC. Madrid, 11 de octubre de 2003.