SEMANA TRÁGICA

ANTONI SERRA

 

 

Años sesenta

Es curioso, pero sobrevivimos y no tan sólo físicamente –que ya es tener humor vivir tantas décadas, no demasiado brillantes, ¿quién lo duda? –, sino incluso intelectualmente: continuamos trabajando, publicando y resistiendo. La verdad es que a principios de aquellos años sesenta, del pasado siglo, se presentó en Mallorca un caballero ejemplar, jovencísimo, nacido en Albacete, enamorado de la vida y de la literatura. Se llamaba –y se llama aún– Antonio Beneyto. Pronto hizo amistad con el grupo que por aquel entonces, plena dictadura franquista, era considerado “disidente” e “izquierdoso” por los jerifaltes policiales. Hice buena amistad con Beneyto y publicó por entregas en las páginas de la antigua La Última Hora (salía por la tarde, formato grande, talment un llençol) un relato viajero titulado Una gaviota en La Mancha, texto que posteriormente se convirtió, aprovechando el mismo plomo de linotipia del periódico, en un libro de la Colección Galilea.

Antonio Beneyto se hizo uno de los nuestros o, quizás, debería decir que se identificó con nuestros ideales y sueños literarios. Fue uno de los asiduos a las cenas-tertulias de un tugurio próximo a la pequeña iglesia de Santa Fe, frecuentado por personajes considerados abyectos por la “buena” (pero siempre roñosa) sociedad, barrenderos, limosneros, viejas mujeres destrozadas por la prostitución, con las cuales nosotros –los disidentes– nos solidarizábamos. Eran unas cenas anárquicas, alocadas, libres ideológicamente y, además de frugales (siempre había unos mismos platos de cocina casera; huevos fritos, lentejas –o su cáscara–, albóndigas de vaya a saber usted qué), su precio resultaba de miseria: por dos o tres pesetas cenabas como un maharajá. Y allí, todas las noches de los jueves, se reunían además de Beneyto, Llorenç Moyà, Lieta López, Jaume Adrover, Fernández Molina (no ha mucho que murió), Joan Gisbert, Joan Soler-Jové, Miquel Morell, este viejo malsofrit y algunos más. Se hablaba de cine, teatro, arte, literatura… El mismo Beneyto publicó en la madrileña revista La Estafeta Literaria un extenso artículo sobre las cenas, y tuvo una cierta, curiosa, malévola interpretación.

En fin, nos divertíamos –como siempre: vivir es diversión libre y entrañablemente literaria– a costa de la intolerancia…

Antonio Beneyto

Pues este personaje singular, atrabiliario (por fortuna), surgido como por la magia de la geografía albaceteña, lo perdí de vista y, en algunas pocas ocasiones, me lo reencontré en Barcelona dedicado a la literatura y a la pintura. Sin embargo, seguí su huella intelectual a través de algunas antologías de narradores que publicó, como Manifiesto español (o una antología de narradores) y Narraciones de lo real y fantástico, y de otros libros de propia creación: la novela La habitación y el relato breve –o simple texto literario– Base por altura / partido por dos. Era el Beneyto de siempre, el Beneyto que conocí en Mallorca. Rebelde, indómito, indisciplinado (dentro de una disciplina de trabajo creativo férrea), apasionado de la vida y de la literatura.

De Antonio Beneyto he encontrado casualmente en una librería otra obra de viajes –viaje por tierra dura, con personajes insólitos, pegado a la tierra reseca– titulado El otro viaje (March Editor. Biblioteca íntima. Barcelona, 2003). Hace décadas que no he coincidido con el escritor, pero al leer su libro me comuniqué de nuevo con aquel joven de los años sesenta: es el mismo (más maduro, de estilo impecable, pero tan duro y de humor tan sarcástico como el que conocí, si ustedes así lo quieren, camaradas en la utopía) que publicó Una gaviota en La Mancha. El texto de Beneyto es el texto de la liberación individual, indómita, apegada a la realidad palpable de una geografía española profunda. Su estilo es directo, duro, y admirable su uso del lenguaje popular, con palabras bellísimas y que sin duda los mojigatos académicos no aceptarían (ellos se lo pierden, dedicados al “floripondismo” de la compresa mental). A él, trabajador de la palabra albaceteño, le debe importar un rábano… si tenemos presente estas palabras de nuevo libro: “… precisamente estaba viajando por huir de las personas revestidas de algún poder –mando, magistratura, ostentación, fausto, pompa”.
Lean El otro viaje y hallarán la libertad literaria –sin fausto ni magistratura.

ULTIMA HORA. Palma de Mallorca, 31 de julio de 2005.