Una risa de siglos se oye por los confines del mundo y luego rueda hasta la sangre, hasta los rincones donde se apelotona la oscuridad, hasta la estancia habitada silenciosamente por ecos y recuerdos. Entonces, Beneyto, en su doble vertiente de escritor/mago y plástico/mago, nos abre la puerta a esta risa, maléfica y destructora, que disocia los rostros y la belleza, las palabras y la verdad, y nos obliga, llenos de sudor y de angustia, a quedarnos quietos en nuestros lechos a la espera de la sucia, pero esperanzadora, luz del a manecer. Mientras tanto esto no acontece, seguimos oyendo la risa y seguimos viendo estas imágenes, distorsionadas y veraces, que hurgan insidiosamente en el mundo como la más vivaz y exquisita de las condenaciones.

Joan Perucho